UNA DE PAPAS PARA HOY

Esta primavera de cenizas y crisis no inspira demasiado. Tampoco interminables horas delante del ordenador vomitando con desgana ideas que inspiren ñy contenten- al siempre insatisfecho cliente. Vampiro. Y en uno de esos arrebatos etílicos me encuentro con una fotografía en un mundo libre que me soluciona la comida de mañana: PAPAS.

Acorde con los tiempos que corren -dejo de pensar en submundos capitalistas y espacios contaminados- no paro de pensar que mañana tocan papas. Como sea. Sólo dos horas más de curro, una hora en el bus de vuelta a casa -que me permite disfrutar de variadas especies- y echo mano de la bolsa de tubérculos antes de que cierren la tienda del chino. No vaya a ser que se hayan empeñado en criar raíces y me jodan la noche.

PAPAS ISAKIRA

Pelo las papas, las corto en rodajas de más o menos 3 mm de grosor, y las echo en agua para que suelten el almidón (muy útil para enervar los cuellos de las camisas pero no aconsejable para relajar los músculos del abdomen).

En un perol pelo algo así como cuatro dientes de ajo (papas para dos) y los refrío hasta dorar. Aparto en un plato.

Echo en el mismo perol las papas en rodajas bien escurridas y sazonadas con sal y pimienta y bajo el fuego para que se hagan lentamente.

En estas ha empezado la peli de la dos y me temo que me voy a acostar cabreada: dos mujeres agotan sus vidas en un Berlín machacado por el paro, los tíos pedorros y las falsas esperanzas. La historia interminable.

Las papas están ya, doraditas sin llegar al crujido. Retiro del perol gran parte del aceite, sólo dejo el equivalente a una cucharada sopera que, antes de echar al fregadero, baño con un chorrito de vinagre de manzana y echo encima de las papas dándole un último toque al fuego hasta evaporarlo por completo.

Mientras la más joven de la peli ha pateado el culo de su último amante -un camionero de alfombras canijo e insulso- yo he puesto a cocer dos huevos en agua con otro chorreón de vinagre (para ir haciendo boca al vino de después).

A estas alturas, mi camionero, en calzoncillos, está poniendo la mesa: dos platos, dos tenedores, dos cuchillos, dos servilletas, dos vasos, la botella de tinto de verano y un tomate que ha cortado en rodajas y ha aliñado con albahaca, sal y aceite.

Yo, que aún no he tenido tiempo de ponerme en calzoncillos, saco las papas escurriditas en un plato, las mezclo con los huevos duros picaditos, espolvoreo un pelín de pimentón dulce por encima, baño con un hilito de aceite de oliva y me presento en el salón como un rayo para terminar de ver, comiendo, la peli de la dos.

 La foto es del artista japonés Ginou Choueiri.

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